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Guillaume

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Posté le: Samedi 18 Septembre, 2010 18:43 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
TERCERA MEDITACIÓN
INOCENCIA Y SENCILLEZ DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU 1NFANCIA
Punto 1-Inocencio de Marta durante su infancia
Considera que quien dice una persona inocente, dice una persona que no sabe lo que es perjudicar a nadie, y por consiguiente que no sabelo que es pecado, puesto que sólo el pecado deshonra a Dios y es nocivo a los hombres, especialmente al que lo comete, y a aquel contra quien se comete.
Considera que entre todas las puras criaturas sólo la Inmaculada Virgen ha sido concebida, ha nacido y vivido, hasta el último aliento de su vida en una perfectísima inocencia; puesto que ella sola es la exenta de toda clase de pecados; más, la que siempre fue impecable. Porque según el sentir de muchos santos doctores, la bondad omnipotente de Dios la colocó desde el primer momento de su vida, en una feliz impotencia de pecar, por tres medios:
En primer lugar, por un favor singularísimo de su divina Providencia que alejaba de ella todos los peligros y ocasiones exteriores de toda clase de pecados, tanto por medio de su inmediata protección como por la mediación de un millón de ángeles que por todas partes la acompañaban y guardaban con todo cuidado, como convenía a la dignidad de la que había sido escogida por Dios para ser la Madre del Santo de los santos y soberano Monarca del universo.
En segundo lugar, por la gran luz interior que de tal modo iluminaba su espíritu que vela clarísimamente los más pequeños átomos de imperfección y los menores peligros de venir a caer en ella; y por una abundantísima gracia de que Dios la llenó desde el instante de su concepción, para vencer de cualquier manera al pecado.
En tercer lugar, por el fuego sagrado de su divino amor que de tal manera poseía y abraseba su corazón que se mantenía en un continuo ejercicio del más puro amor a su divina Majestad, sin interrupción alguna, sin aflojar ni cansarse jamás; todo lo cual daba a su voluntad una impotencia moral de apegarse a falta alguna, por pequeña y ligera que fuese.
Da gracias a Dios por esta maravillosa inocencia de que revistió a esta santa Virgen desde su infancia y desde el primer instante de su vida. Toma la firme resolución de imitarla cuanto puedas en esta santa inocencia, guardándote de todo lo que pueda hacerte ofender a Dios, al prójimo y a tu propia alma. A este efecto, dedícate cuanto puedas al ejercicio del divino amor; porque cuanto más ames a Dios, más lejos estará tu voluntad del pecado por obra de su divino amor. Ofrece tu corazón a la Madre del amor hermoso, y suplícale que ponga en él una centellita de l a ardiente hoguera que al suyo abrasó desde su infancia.
Punto 2-Sencillez de María durante su Infancia
Considera que la sencillez cristiana es una virtud tan agradable a Dios que la palabra divina nos asegura que Dios tiene sus delicias y complacencias en los que proceden con sinceridad (1) . Es una virtud que destruye la multiplicidad en los pensamientos, en los deseos, afectos, palabras y acciones; y que hace que una alma verdaderamente sencilla no tenga más que un pensamiento, un deseo y una única pretensión: la de agradar a Dios en todas las cosas. Es una virtud que modera la lengua, haciendo que se abstenga uno de la demasiada palabrería. Es una virtud que regula las acciones, cercenando las que son inútiles y no sirven más que para disipar el espíritu y distraer el corazón de lo que debe ser el único objeto de nuestros afectos y pensamientos. Es una virtud que odia la curiosidad que el espíritu humano tiene de ver, oír y saber cosas cuyo conocimiento no es necesario para hacernos mejores y más gratos a Dios. Es una virtud enemiga jurada de la doblez, del artificio, del disfraz, del servilismo, del engaño y de la mentira. Es una virtud que nos hace amar el andar siempre por el camino recto del candor, de la franqueza y de la sencillez de la paloma, sin desviarnos a uno u otro lado. Es una virtud que se complace en las cosas sencillas y comunes en el hablar, en el comer, en el andar, en el vestido, en los muebles y en todas las cosas y que detesta todas las nuevas modas del mundo, llenas de ligereza, vanidad y superfluidad.
Considera que nuestra santa Niña poseyó esta virtud en soberano grado, como se echa de ver en lar, palabras que el Espíritu Santo le dice: Son tus ojos como de paloma (2). Da gracias a Dios y ofrécele toda la gloria que ella le dio por la práctica de esta virtud.
Punto 3-obligación en que estamos de imitar esa inocencia y sencillez
Adora al hijo de Dios en los pensamientos y designios que sobre tí tuvo cuando pronunció estas palabras: Sed sencillos como las palomas (3). Porque entonces te tenla El presente, y te llevaba en su espíritu y en su corazón lleno de un ardentísimo deseo de verte adornado de esta santa virtud para la gloria de su Padre y para la salvación de tu alma.
Entra también en un gran deseo de poseerla. Examínate cuidadosamente sobre las faltas que contra ella has cometido con la multitud de deseos, afectos y pensamientos; con el exceso de las palabras o acciones; con la curiosidad de tus ojos, de tus oídos y de tu imaginación; con tus ficciones, artificios, mentiras y engaños; con la aversión que has tenido a las cosas sencillas y comunes; con la inclinación a las modas del mundo, cte. En todo ello demuestras un espíritu muy opuesto a la bienaventurada Virgen, cuya manera de obrar fue siempre muy sencilla y modesta.
Pide a Dios perdón por todas estas faltas y toma una firme y constante resolución de arrancar de tu corazón cuanto en él encuentres contrario a la sencillez cristiana y de imitar con tanta perfección la sencillez de nuestra santa Niña, que seas del número de los que son llamados por San Pablo irreprensibles y sencillos como hijos de Dios (4), y puedas decir con el mismo San Pablo: Toda nuestra gloria consiste en el testimonio que nos da la conciencia, de haber "cedido en este mundo con sencillez de corazón y sinceridad delante de Dios, no con la prudencia de la carne, sino según la gracia de Dios" (5).
Jaculatoria: Simplices filii De¡ - sencillos como hijos de Dios.
(1) Cant., 1-14.
(2) Matth., 10-16.
(3) Prov., 11-20.
(4) Philip., 2-15.
(5) 2 Cor., 1-12.
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 709 :
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Posté le: Samedi 18 Septembre, 2010 18:58 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CUARTA MEDITACIÓN
HUMILDAD DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto 1-Razones por las cuales Dios ama la humildad
Considera las razones por las que Dios ama tanto la humildad y tanto aborrece el orgullo, la ambición y la presunción. Tres son las principales:
Primera. Dios ama infinitamente la verdad, porque es la verdad esencial; y odia infinitamente la mentira, porque es enemiga de la verdad. De aquí que tenga un amor infinito a la humildad y un odio entrañable al orgullo, toda vez que humildad y verdad no son más que una misma cosa, como son lo mismo el orgullo y la mentira.
Porque, ¿qué es la humildad sino una muy baja estima de nosotros mismos, si tenemos el verdadero conocimiento de que nada somos, podemos ni tenemos de nosotros mismos sino un abismo de pecado y de miseria? ¿Y qué es el orgullo, sino una muy grande estima de nosotros mismos, en la creencia de que somos algo, lo que es engaño y falsedad? Si alguno piensa ser algo, dice San Pablo, se engaña a sí mismo, pues verdaderamente de suyo es nada (1).
Segunda. Dios ama infinitamente la justicia, porque es la justicia misma; y odia infinitamente la injusticia, corno enemiga de la justicia, y por consiguiente de Dios. Por eso ama la humildad, que es una especie de justicia que nos hace dar a Dios el honor y la gloria que le son debidos; y odia la soberbia, que es una injusticia que arrebata a Dios su gloria para atribuírsela a si misma.
Tercera. Dios abomina toda idolatría, porque da a la criatura los honores soberanos que no son debidos sino al Criador; y ama soberanamente la virtud de la religión, porque hace que le rindamos los deberes que le pertenecen. He aquí por qué aborrece el orgullo, puesto que se idolatra a sí mismo poniéndose en el lugar de Dios y hasta levantándose por encima de Dios, cuando quiere que sus intereses, sus satisfacciones, su voluntad y su gloria sean preferidos a la voluntad y a la gloria de Dios; y ama la humildad, puesto que está animada del espíritu de la religión que nos obliga a dar a Dios el honor y la gloria de todas las cosas. Adora en el corazón mismo de Dios este amor infinito que tiene a la humildad, y pide que imprima en tu corazón estos dos sentimientos de amor y de odio.
Punto 2-Humildad de María en su Infancia
Considera cómo Dios imprimió en el corazón de esta santa Niña estos dos sentimientos de amor a la humildad y de odio a la soberbia, más profunda y perfectamente que en todos los corazones de los ángeles y santos juntos. Por esta razón tuvo ella, desde su infancia, más horror al orgullo y a la ambición y más amor a la humildad que todos los santos en la madurez de su edad. Es la primera virtud que María practicó en el primer momento de su vida. Jamás se prefirió a nadie, antes se sobajó a todas y se miró y trató como la última de todas las criaturas, alegrándose de que así le trataran.
Porque la luz de que estuvo llena desde el momento de su concepción le hizo ver claramente que, siendo hija de Adán, hubiera contraído la culpa original, si Dios no le hubiera preservado de ella; y, como consecuencia, hubiera sido capaz de cometer todos los Pecados del mundo de los que es fuente y manantial la culpa de origen.
Esta humildad es la que atrajo hacia Ella todas las gracias con que Dios la enriqueció, y la que la hizo digna de ser Madre de un Dios y Reina del cielo y de la tierra.
Da por ello gracias al que resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes , al que humilla a aquellos y ensalza a éstos, y ofrécele toda la gloria que esta humildísima Virgen le dio por la práctica de esta virtud, en su santa infancia y -en todo el resto de su vida.
Punto 3-Necesidad que tenemos de la humildad
Considera que la práctica de la humildad no es una cosa de puro consejo, un detalle de perfección, sino un mandamiento y una obligación; puesto que Nuestro Señor nos declara que si no somos pequeños y humildes como niños, no entraremos en el reino de los cielos.
Considera que los terribles castigos que la ira de Dios impuso a los ángeles apóstatas, a Coré, Dathan y Abirón, y a muchos otros soberbios, nos deben llevar a detestar el orgullo tan abominable ante Dios; y que los ejemplos maravillosos de humildad prodigiosa de Nuestro Salvador y de su bienaventurada Madre y de todos los Santos nos deben excitar a amar la humildad que Dios tan ardientemente ama.
Concibe, pues, un gran deseo de practicar esta santa virtud y de huir de todo lo que le es contrario. Para ello, haz un buen examen de tus pensamientos, sentimientos, afectos, palabras y acciones, para reconocer lo que puedes tener contrario a la humildad. Mira qué aprecio tienes de tí mismo; por qué motivos haces tus buenas obras; cómo recibes los desprecios y humillaciones que te sobrevienen, los honores y alabanzas que se te tributan, los avisos que se te dan y las correcciones que se te hacen; si te complaces en que se hable de tí y de tus cosas favorablemente; si eres obediente con tus superiores; si murmuras de ellos; si te prefieres a los demás; si te sientes acometido por la envidia; si haces ostentación de tu nacimiento, de tu ciencia, o de otras ventajas naturales o sobrenaturales de que Dios te ha dotado; si realizas alguna acción por aparentar o para traerte las miradas y la estimación de los hombres. Humíllate profundamente y pide perdón a Dios por todas las faltas que hasta hoy llevas cometidas contra la humildad. Pide a Nuestro Señor y a su Santa Madre que las reparen y que ofrezcan en satisfacción de ellas al Padre eterno todo el honor que ellos le dieron con su humildad. Toma la resolución de guardarte de ellas en lo venidero y de practicar estas palabras de¡ Espíritu Santo: Humíllate en todas las cosas y hallarás gracia en el acatamiento de Dios; porque Dios es El solo grande en poder y El es honrado de los humildes (1).
Jaculatoria: Humilia te in omnibus, et coram Deo in annies gratiam - Humíllate en todo y hallarás gracia delante de Dios.
(1) Eccl., 3-20 y 21.
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Guillaume

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Posté le: Samedi 18 Septembre, 2010 19:01 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: | QUINTA MEDITACIÓN
OBEDIENCIA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto 1-Sumisión de María a la divina Voluntad
Considera que no habiéndonos Dios puesto - en este mundo sino para hacer su santa voluntad, debemos mirar y amar esta adorable voluntad como nuestro primer principio y nuestro último fin, y por consiguiente como nuestro soberano bien y como nuestro centro en el que encontraremos el descanso de nuestro espíritu, la paz de nuestro corazón, nuestra perfecta felicidad y nuestro verdadero paraíso. Considera, por el contrario, que siendo nuestra propia voluntad completamente opuesta a la voluntad de Dios, debemos mirarla y odiarla como a enemigo jurado de Dios y nuestro; la debemos tratar, según el sentir de San Bernardo, como auna malísima bestia, como a una loba feroz, como al origen del infierno, ya que sin ella no lo habría, como a la madre de todas las abominaciones de la tierra, como a una serpiente llena de veneno, como a un detestable homicida que da la muerte a nuestro cuerpo y a nuestra alma, y hasta como un execrable deicida, que, en cuanto está en ella, da la muerte a Dios, dice San Bernardo (1).
Considera que nuestra bienaventurada Niña, habiendo conocido clarísimamente todas estas verdades desde el comienzo de su vida, por la gran luz que la inundaba, renunció enteramente a su voluntad, a pesar de que no se encontraba, como la nuestra, corrompida y depravada por el pecado; y de tal manera se sujetó a la divina voluntad que jamás se separó un punto de ella, sino que puso toda su gloria, su contento y su alegría en seguirla en todo y por todo con entera sumisión y perfectísima obediencia.
Bendice a Dios que hizo esta gracia a María y ofrece a su divina Majestad toda la gloria que Ella le dio con esta virtud en reparación de todas las rebeliones y desobediencias a su santísima voluntad.
Punto 2-Obediencia de la Santísima Virgen a cuantos tenían autoridad sobre Ella.
Considera que nuestra santa Niña no sólo se sometió a Dios inmediatamente, sino que fue siempre obedientísima a todas sus divinas voluntades que le fueron manifestadas por sus santos mandamientos, por la ley de Moisés, por sus padres y por todos sus superiores, en los que miraba y honraba a Dios, a cuya voz obedecía como a la voz de Dios. Se consideraba muy feliz con estar bajo la dirección de los demás, y nunca dio qué sentir lo más mínimo a las personas que la dirigían. No sólo esto, sino que estaba dispuesta a obedecer según Dios y por Dios, a toda clase de personas, conforme a estas santa! palabras: Estad sumisos a toda humana criatura por respeto a Dios (2).
En fin, que no se ha visto jamás nada tan dócil y obediente; y como jamás ha habido humildad tan profunda, jamás tampoco se ha visto obediencia tan perfecta. Era una obediencia elega, pronta, puntual y alegre; porque no tenía esta santa Niña otro contento ni más delicias que el seguir en todo y por todo la amabilísima voluntad de Dios, manifestada por las personas puestas en su lugar.
Da por ello gracias a su divina Majestad, y ofrécele todo el honor que esta humildísima Niña le dio con la práctica de esta virtud, en satisfacción de las faltas que contra ella hayas Mido cometer.
Punto 3- Es preciso renunciar a nuestra propia voluntad para hacer la divina
Considera que la bendición y paz de tu alma, el paraíso de tu corazón y tu soberano bien consisten en seguir en todo Y por todo la santísima voluntad de Dios que se te manifiesta por sus divinos mandamientos, por los de su Iglesia, por las reglas y obligaciones de tu estado, y por todas las personas que ocupan el lugar de Dios. La obediencia es la madre de la felicidad, dice un santo doctor.
Considera, en segundo lugar, que para seguir la voluntad de Dios es preciso que renuncies a la tuya, porque la divina y la propia voluntad son tan opuestas como Dios y el diablo, como Jesucristo y el Anticristo, puesto que nuestra propia voluntad está corrompida y envenenada por el pecado.
Considera además que para determinarle a renunciar a ella, debes mirarla como a enemigo jurado de tu eterna salvación. Nada hay que como esto, tanto debas temer, puesto que es la madre del pecado, y por consiguiente el manantial de todos los males y desgracias de la tierra y del infierno. Es un dragón que si no le aplastas te ahogará. Debes temerle más que a todos los dragones de la tierra y del infierno; porque éstos son perros encadenados que no pueden morder sino a los que se arrojan a sus dientes, pero la propia voluntad es una serpiente que llevas dentro de tus entrañas.
Por lo tanto trabaja por destruirla imitando la perfecta obediencia de nuestra santa Niña. Examínate sobre las faltas que en esto hayas cometido en pensamientos, palabras, obras u omisiones, y pide por ellas perdón a Dios. Suplicale que te conceda la gracia de la corrección, poniendo por medianera a la bienaventurada Virgen.
En fin, graba en tu corazón esta infalible verdad: Que la bendición de Dios acompaña siempre a la obediencia, y que su maldición es inseparable de la desobediencia. Y esfuérzate por imitar de tal manera a Jesús y a María en su sumisión a la divina voluntad que el Padre eterno pueda llamarte, después de su Hijo, el hombre de su voluntad (3).
Jaculatoria: Vir obediens loquitur victorias - El varón obediente cantará victoria.
(1) 1 Petr., 11-13.
(2) Isa., XLVI-11
(3) Sermo 3 in temp. Resurr. |
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Guillaume

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Posté le: Samedi 18 Septembre, 2010 19:04 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
SEXTA MEDITACIÓN
CARIDAD Y DULZURA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto 1-Caridad universal de María
Considera que habiendo Dios escogido a la bienaventurada Virgen desde el primer instante de su vida para ponerla en lugar de Eva, que debía ser la reina y madre de todos los vivientes, dióle desde entonces una caridad universal para con todos los hombres: caridad tan grande corno la gracia santificante que fue infundida en su alma desde el comienzo de su vida; suponiendo que, según el sentir de los teólogos, la gracia y la caridad no son sino una misma cosa. Así que como esta admirable Niña tuvo más gracia desde el comienzo de su vida que todos los santos, tenía también más caridad que todos ellos. Y como su gracia se duplicaba cada momento, lo mismo su caridad, de modo que al fin de su infancia llegó a un grado tan alto que sólo Dios lo puedo, comprender.
Considera también que habiéndola escogido el Padre eterno desde el momento de su concepción para comunicarle su divina paternidad, y para hacerla madre de su Hijo Jesús y de todos los demás hijos, comenzó a hacerla desde entonces participante de su amor paternal a su amado Hijo y a todos nosotros. De suerte que, aun cuando no supiera que había de ser Madre del Hijo de Dios y de todos los cristianos, conociendo, sin embargo, que El había de encarnarse y ser padre de un gran número de hijos: el Padre del siglo venidero (1), abrasábase su corazón de amor ardentísimo hacia El -y se inflamaba en inmensa caridad para con sus hijos: caridad proporcionada a la dignidad infinita de Madre de Dios, y por consiguiente, en cierta manera, infinita.
Esta caridad la empujó, cuando aún era niña, a pedir a Dios con tal ardor e instancia la venida del Salvador que, según varios teólogos, mereció que se adelantase el tiempo de su encarnación. Esta caridad, unida a su humildad y virginal pureza, la dispuso a ser madre del Redentor.
Da gracias por todo al que es todo caridad y ofrécele la gloria que esta amable Niña le dio con su amor a El y a los hombres, en reparación de las faltas que aquí hayas cometido.
Punto 2-Dulzura de María
Considera que la sacratísima Virgen, como es entre las puras criaturas la persona más poderosa después del Padre eterno, por una comunicación muy singular que este adorable Padre le otorgó de su infinito poder; y como es la persona más sabia y esclarecida, después del Hijo de Dios, por una participación eminentísima, de la inmensa sabiduría dé este mismo Hijo: as! también es Ella la más dulce, benigna y bondadosa del universo, después del Espíritu Santo, por una abundantísima efusión que este Espíritu suavísimo y benignísimo realizó de su incomprensible dulzura y delicada bondad en su corazón virginal, desde que de él tomó posesión, es decir, desde el primer momento de su vida. Jamás se ha visto ni se verá en la tierra, después del benignísimo Jesús, nada tan dulce, afable, graciosa y misericordioso como esta amable Niña. Su benignísima caridad y su muy caritativa benignidad se extendían no sólo a sus amigos y a las personas indiferentes, sino hasta os sus más crueles enemigos, es decir, hasta a los enemigos del Salvador del mundo. Porque sabía desde su infancia por la lectura de los profetas y por la revelación del cielo que este adorable Salvador sería perseguido y crucificado por los pérfidos judíos; mas en lugar de pedir a Dios que los castigase, el espíritu de caridad y benignidad de que esta dulcísima Niña estaba animada, le hacía formular por estos miserables la misma oración que su misericordiosísimo Redentor haría por ellos en la cruz: Perdónales, porque no saben lo que hacen (1).
Oh amabilísima Niña, no me extraña que diga vuestro divino Esposo que vuestros labios no destilan sino miel y dulzura, que vuestra lengua está empapada en miel y leche y que vuestro espíritu es más dulce que la miel» (2), ni que la santa Iglesia nos predique tanto vuestra benignidad: Virgen singularmente mansa entre todos. Oh benigna, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Gracias inmortales sean dadas al divino Espíritu que os ha embriagado con el dulcísimo néctar de su divina caridad y que completamente os ha transformado en su delicada benignidad. 0freced, oh Madre, al Padre eterno todo el honor que vos le disteis con vuestra sin par dulzura, en satisfacción de todas las faltas cometidas contra esta virtud.
Punto 3-Debemos imitar la caridad y dulzura de la Virgen Santísima
Considera que si quieres ser del número de los verdaderos hijos del benignísimo Jesús y de la bondadosísima María, has de esforzarte por imitarles en su caridad y benignidad. Para animarte a ello piensa con frecuencia en estas palabras del Espíritu Santo: Sobre todo mantened constante la mutua caridad entre vosotros (1) . Dios es caridad, y el que permanece en la caridad, en Dios permanece, y Dios en él (2). Y estas otras: Tratando a todos los hombres, con toda la dulzura (3). Y las siguientes: La caridad es sufrida, es dulce y bienhechora. La caridad no tiene envidia, no obra precipitada ni temerariamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, complácese sí, en la verdad: A todo se acomoda, cree todo el bien del prójimo, todo lo espera y todo lo soporta (4).
Oye sobre todo la voz de tu Salvador, que te dice: El precepto mío es: que os améis unos a otros, como Yo os he amado (5). Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón (6). Y estas palabras de tu santa Madre: Mi espíritu es más dulce que la miel (7).
Concibe un gran deseo de hacer un santo uso de todas estas palabras. Examínate sobre las faltas del pasado, en pensamientos, sentimientos, afectos, palabras, acciones y omisiones. Pide a Dios que te las perdone; suplica al Hijo de Dios y a su santa Madre que las reparen, que te hagan participante de su admirable caridad y que destruyan en tí a toda costa toda idea contraria.
Jaculatoria: Spiritus meus super in en dulcis - Mi espíritu es más dulce que la miel.
(1) Isa., IX-6.
(2) Luc., 23-34.
(3) Cant., 4-11 y Ecc1i., 24-27.
(4) 1 Pet., 4-8.
(5) 1 Joan., 4-16.
(6) t -2.
(7) 1 Cor., 13-4-7.
(8) Joan., 15-12.
(6) Matth.. 11-29.
(7) Eccli., 24-27. |
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Guillaume

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Posté le: Samedi 18 Septembre, 2010 19:08 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
SÉPTIMA MEDITACIÓN
SILENCIO DE LABIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto 1-Silencio de Cristo Nuestro Señor en su vida mortal
Considera que el silencio es maravillosamente agradable a Dios, puesto que el Hijo de Dios, palabra eterna del Padre venido a este mundo para hablar a los hombres: para predicarles e instruírles y que tan grandes, importantes y necesarias cosas tenía que decirles, pasó no obstante casi toda su vida en el silencio, observando exactísimamente la regla que su Padre le dio de guardarle en su infancia, en su vida oculta hasta la edad de treinta años, en su soledad en el desierto y en su santa pasión, sin que jamás de él se dispensara, aun teniendo muchas veces grandes razones para hacerlo, como cuando los santos Reyes vinieron de lejos para adorarle, y cuando Herodes le buscó para matarle. Y no contento con guardar silencio en su vida mortal y pasible, lo guarda aún desde que está en su vida gloriosa y en el santísimo sacramento del altar hace más de mil novecientos años.
Considera las razones que tuvo nuestro Salvador para guardar tan riguroso silencio. Es la primera, para enseñarnos que Dios es mucho más glorificado en el silencio. Porque habiendo venido el Hijo de Dios a la tierra primera y principalmente para honrar a su Padre, y siéndole muy bien conocidos los medios por los que más podía glorificarle, al escoger el silencio, nos prueba infaliblemente que este es el medio más excelente de honrar a Dios y agradarle.
En segundo lugar, vivió en el silencio para reparar todo el deshonor que los hombres dan a Dios con los pecados de palabra. En tercer lugar, para merecernos la gracia de hacer buen uso de nuestra lengua. Dale gracias por toda la gloria que El dio a su Padre con el silencio, y por el ejemplo que en esto te ha dado; y suplícale te conceda la gracia de seguirle.
Punto 2-El silencio de María
Considera como la bienaventurada Virgen estuvo poseída y animada desde su Infancia, del mismo espíritu que había de guiar a Aquél de quien iba a ser Madre; y cómo desde entonces comenzó a practicar lo que el Espíritu Santo enseñaría a todos los fieles por boca de San Pablo: Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo (1) . Desde entonces amó Ella lo que debía amar y aborreció todo lo que debía aborrecer. Por esto tuvo una singular afición al silencio y una gran aversión al mucho hablar.
Además, ni en el Evangelio, ni en la historia eclesiástica, ni en otro libro alguno leernos de
Ella que dijera una sola palabra durante su infancia, sea mientras vivió en Casa de sus padres, sea cuando salió de ella para ir a presentarse a Dios, sea mientras tuvo su morada en el templo. Y en el sagrado Evangelio no encontramos que haya hablado más que siete veces en toda su vida, y aún muy poco cada vez.
i Oh santísima Virgen, yo os entrego mi corazón y mi lengua: tomad plena y perfecta posesión de uno y otra. Haced que no tenga corazón más que para amar a vuestro Hijo y a Vea, y que no tenga lengua sino para hablar el lenguaje de mi adorabilísimo Padre y de mi amabilísimo Madre.
Punto 3-Importancia del silencio en la vida cristiana
Considera atentamente estas palabras del Espíritu Santo que habla por boca de Santiago: «La lengua es un mundo entero de maldad» (2). Es el manantial de las blasfemias, de las impiedades, de las maldiciones, de las calumnias, de las mentiras y murmuraciones, de los perjurios y falsos testimonios, de l as burlas y engaños, de las palabras injuriosas y picantes, de las palabras lascivas y de una infinidad de pecados. Ama Dios infinitamente el silencio, precisamente por esto, porque el silencio preserva a las almas de todos estos pecados y de todos los males que en pos de sí acarrean. De aquí que el mismo Espíritu Santo clame por boca del mismo apóstol Santiago: «Si alguno se precia de ser religioso, o devoto, sin refrenar su lengua, antes bien engañando, o precipitando con ella su corazón, la religión suya es vana, es falsa su piedad (3) . Y por el contrario: «Si alguno no tropieza en palabras, este tal es perfecto varón» (4) .
Dios ama también el silencio, porque es un sacrificio que hacemos de la pasión e inclinación grande que tenemos a hablar; sacrificio que le es tan grato que da por bien hecho el que nos abstengamos a veces hasta dé las palabras buenas, según aquello de los salmos: «Enmudecí y humilléme y me abstuve de responder aún cosas buenas» (5). Nuestro Señor y su santa Madre se abstuvieron de decir muchas cosas santas y buenas, porque otra clase de cosas no podían decir. San Juán Bautista estuvo, casi treinta años en el desierto sin hablar, y se retiró a él «para que no se viera manchada su vida ni con la más leve falta». Por esto se ha visto a tantos millares de santos pasar su vida entera en la soledad y en el silencio. Por esto, en fin, todos los fundadores de las santas órdenes que existen en la Iglesia han recomendado tanto el silencio y la mortificación de la lengua en las reglas en ellas establecidas, y con razón, porque las alabanzas, aún las que nuestra lengua da a Dios, no son más que una hipocresía, según la palabra de Nuestro Salvador (6), cuando únicamente proceden de la lengua sin que en ellas tome parte el corazón. «La voz de la lengua, dice San Agustín, no es escuchada por Dios, si no va unida con la del corazón». Dios no tiene oídos para oír a la lengua, si la lengua no habla con él corazón (7). Siendo esto así, i en qué alta estima ha de tener el
silencio! Qué deseo he de concebir de i mitar a esta santa Niña! ¡Qué cuidado he de tener en mortificar mi lengua y en guardarme por lo menos de las malas palabras, de las mentiras, maldiciones, murmuraciones, etc. En fin, no olvidemos que Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho que nos pedirá cuenta el gran día del juicio de toda palabra ociosa que hayamos dicho.
Pidámosle perdón de todos los pecados que hayamos cometido por el mal uso de la lengua. Supliquemos a la bienaventurada Virgen que nos conceda la gracia de imitar a su Hijo y a Ella, en el uso que hicieron de su santa lengua y en el singularísimo amor que tuvieron al silencio.
Jaculatoria: In sidentivet fuiste proficit anima devota - En el silencio y la virtud progresa el alma devota.
(1) Philip., 11-5.
(2) Jac., 111-6.
(3) Jac., 1-26.
(4) 111-2.
(5) XXXVIII-3.
(6) Matth., XV-7, 8.
(7) In Po. 119. |
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Guillaume

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Posté le: Jeudi 23 Septembre, 2010 7:21 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: | OCTAVA MEDITACIÓN
MODESTIA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto I-Excelencia de la modestia
La modestia es una virtud que regula y modera de tal manera las acciones exteriores del hombre que nada se ve en él que desedifique.
Es uno de los frutos del Espíritu Santo, según San Pablo (1) : De suerte que donde está la modestia, está el Espíritu Santo, y donde reina la inmodestia hay un espíritu opuesto al espíritu de Dios.
La modestia es, según el mismo apóstol, una señal visible de predestinación. Es uno de los caracteres por los que son conocidos los elegidos, los santos y todos los amados de Dios, según estas palabras de] Espíritu Santo: «Revestios, como escogidos que sois de Dios, santos y amados, revestios de entrañas de compasión, de benignidad, de humildad, de modestia, de paciencia» (2).
Allá en los tiempos de la primitiva Iglesia, cuando la tierra estaba aún llena de infieles eran conocidos los cristianos por su modestia, que de tal manera edificaba a los paganos que muchos de ellos se convertían a la verdadera fe.
Que estas consideraciones impriman en tu espíritu y en tu corazón una alta estimo y un amor singular a esta virtud juntamente con un ardiente deseo de buscar los medios de adquirirla.
Punto 2-Admirable modestia de Jesús durante su vida mortal.
Represéntate al Hijo de Dios tratando con los hombres en la tierra. Contempla la maravillosa modestia que resplandece en su semblante, en su mirar, en su andar, en su hablar, en sus gestos, vestidos y en todo su continente. Declaro un día la Virgen bienaventurada a Santa Brígida que estaba dotada de una hermosura, de una dulzura y de una modestia tan encantadoras que su aspecto daba consuelo y gozo no sólo a la gente de bien, sino también a los malos, y aún a sus enemigos, y que los judíos, cuando se encontraban en alguna tristeza o aflicción, se decían u nos a otros: «Vamos a ver al hijo de María, su vista nos consolará» (3).
Adora a tu Salvador en esta admirable modestia. Dale gracias por el honor que a su Padre tributó y por el ejemplo de esta virtud que nos legó a nosotros.
Entra en un gran deseo de practicarla a una con El y por su amor. Pídele para ello su santa gracia y la de destruir en ti todo sentimiento contrario.
Punto 3---Modestia angelical de la Virgen Santísima
Pon ante tus ojos la angelical modestia de la pequeña María. Después de la de Jesús, no hubo modestia semejante. De haber contemplado su actitud y su porte de haberla visto caminar u oído hablar, de presenciar sus gestos y su compostura exterior, de pies o sentada, trabajando, tomando su refacción o descansando, bien cuando conversaba con el prójimo, bien cuando oraba a Dios en el templo o en cualquier otra parte de mirar su semblante angelical, sus ojos de paloma, la sencillez de sus vestidos, que no tenían más color que el natural de la lana, y la santidad de todo su ser, hubierais dicho que era un ángel visible o la modestia misma encarnada (4).
La modestia de nuestra santa Niña procedía de tres causas: del pudor virginal que aparecía en su rostro y en todo su exterior. De que andaba siempre en la presencia de Dios, unida continuamente a El con el pensamiento y con el corazón; y de que el Espíritu Santo, que la llenaba y poseía completamente, imprimió en ella una imagen viva y perfecta de la adorable modestia de Aquél de quien debía ser Madre.
Da gracias a Dios porque tan provechosamente la adornó de esta santa virtud. Ofrécele todo el honor que Ella le dio con su excelente práctica, en reparación de las faltas que aquí hayas podido cometer. Escucha y graba en tu corazón estas palabras del Espíritu Santo, y toma la resolución de ponerlas en práctica. «Sea vuestra modestia patente a todos los hombres; porque el Señor, que os mira continuamente, está cerca» (5).
Haz un detenido examen sobre tu manera de conducirte en el andar, hablar, trabajar, en el comer y beber, en el tomar tu descanso, en el orar ante Dios'; examínate qué uso haces de tus ojos y demás sentidos exteriores, a fin de conocer las faltas contra la modestia cometidas, y pedir a la vez perdón a Dios de ellas.
Toma la resolución de enmendarte y pide a la bienaventurada Virgen que te obtenga esta gracia y la de imprimir en tu corazón una imagen de su santa modestia para gloria y alabanza de su divino Hijo.
Jaculatoria: Modestia vestía nota si ómnibus hominibus - sea nuestra modestia patente a todos los hombres.
(1) Gal., V-23.
(2) Coloss., 111-12.
(3) Revel., lib. 4, cap. 70.
(4) S. Epih. apud Niceph. Hist. lib. 2. cap. 28.
(5) Philip., IV-5.
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 709 :
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Posté le: Jeudi 23 Septembre, 2010 21:35 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
NOVENA MEDITACIÓN
VIRGINIDAD DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN EN SU SANTA INFANCIA
Punto 1-Aprecio de María por la Virginidad
Considera cómo María es la primera que hizo voto de virginidad por lo que es llamada por San Buenaventura: «la primera Virgen», y «la Virgen del nuevo voto» (1). Según algunos muy señalados autores, María hizo este voto desde el momento de en Concepción Inmaculada. «Esta santa Virgen, dice Alberto el Grande, libró a la virginidad de la maldición y servidumbre de la ley antigua; consagrándola en si misma, la volvió tan honorable y gloriosa como desechada e ignominosa había sido. Ella fue la que de esta manera puso a las vírgenes bajo su poder y autoridad, siendo llamada desde entonces con todo derecho la Reina de las vírgenes.
De aquí proceden muchos bellos elogios que de su virginidad hacen los santos Padres. Es llamada por Santiago en su Liturgia «virgen del todo inmaculada y santísima» (2) ; por San Gregorio Taumaturgo «la sola Virgen, santa de cuerpo y de espíritu» (3) ; por San Juan Damasceno «el tesoro de la virginidad» (4) y «la defensa y amadora de las vírgenes» (5) ; por San Ildefonso «la eternidad de la virginidad» (6), en el sentido de que la tuvo, amó y conservó siempre, a pegar de que habla de ser y fue madre. Por esto, no hay que extrañar se de que ella misma asegurara a Santo Tomás, arzobispo de Cantorbery que por sola su virginidad, sin hablar de las demás virtudes que practicó, dióle Dios una corona más rica y gloriosa que todas las coronas de todos los santos que están en la gloria.
Siendo esto así, puedes deducir la relevante pureza de esta incomparable Virgen, en cuya comparación toda otra pureza es como si no existiera. Copia en tí el amor extraordinario de esta santa Niña a la virtud angélica, y suplícale te conceda un instintivo horror al vicio contrario.
Punto 2-Excepcional pureza de la Virgen Madre
Como acabamos de indicar, quien dice virginidad, dice pureza; y quien dice cosa pura, como oro puro, vino puro, dice una cosa no mezclada con otras, sino que pura o exclusivamente posee toda la perfección de su naturaleza, sin que en nada absolutamente se desdore o disminuya con la mezcla de cualquier otra cosa menos noble o excelente.
Considera cómo el corazón de nuestra santa Niña no sólo no contrajo jamás mancha alguna, sino que sé mantuvo siempre sin el menor afecto desarreglado a cosa alguna creada; estuvo siempre tan estrecha., única y puramente unida a Dios, como si no hubiera en el mundo más que Dios y Ella. Cumpliéronse a la perfección en nuestra amada Niña aquellas palabras de los salmos: «Haz que mi corazón se conserve puro en tus divinas justificaciones» (7) o santificaciones, es decir, por la unión o adherencia que quiero que tenga a vuestras divinas voluntades que justifican, que santifican y hasta deifican a todo corazón que perfectamente las ame y las siga.
Por este medio, el corazón santísimo de la Reina de todos los santos ha sido siempre inmaculado, conservándose en una pureza y santidad tan eminente que mereció, dice San Anselmo, la reparación del mundo. He aquí las palabras de este santo Padre: «La purísima santidad y la santísima pureza del purísimo corazón de María superan incomparablemente a todas ¿as purezas y santidades de todas las criaturas; ha merecido, por esta admirable pureza de su corazón virginal, ser la dignísima reparadora del mundo que se encontraba sumergido en el más profundo abismo de perdición» (8).
Trabaja por purificar y santificar tu corazón. ¿Dirás acaso que esto es exclusivo de las almas que están retiradas en l os monasterios? Basta que estés bautizado para creerte obligado a ello. Oye las palabras de San Pablo: Nos escogió antes de la creación del mundo, para ser santos y sin mancha en su presencia» (9).
Examínate, piensa lo que debes hacer en adelante.
Punto 3-Los sacramentos y en especial la eucaristía exigen del cristiano pureza perfecta
Considera cómo has de ser puro y santo, por la especial razón de los santos sacramentos que recibes, sobre todo el de la comunión, ¿Quién ha de ser más puro y santo, de cuerpo y de espíritu, sino el que a diario recibe en su cuerpo, en su corazón y en su alma el sacratísimo cuerpo el purísimo corazón, la santísima alma y la preciosísima sangre del Hijo de Dios, con toda la plenitud de su divinidad? ¿No está aquí el manantial inexhausto de toda pureza y santidad? Extraordinaria debiera ser la pureza y santidad de esos ojos que a diario contemplan la Hostia Inmaculada y presencian el tremendo misterio de la consagración, de esa boca y de esa lengua teñidas con la sangre preciosa del Cordero Inmaculado. Oh cristiano, quien quiera que seas, si comulgas, estás obligado a una gran pureza y santidad. Tu vida y tus costumbres deben ser santas. Santo debes ser en tu interior y en tu exterior, en tus pensamientos, en tus palabras, en tus acciones, en tu conversación con el prójimo. en todo y por todo.
iOh santa Niña, dirigid una mirada a este hijo vuestro, frágil, y miserable! Obtenedme de vuestro santísimo Hijo la divina gracia que torna posible y fácil lo que a la humana flaqueza es imposible. Convencido estoy, oh Madre, de que con esta divina gracia es mucho más fácil ser puro e imitaros, que seguir la corrupción del mundo y las sugestiones del demonio. Hacedme participante de la divina virtud con que Dios fortificó vuestro santo y virginal corazón. ¡Oh gran Princesa!, dadme fuerza y virtud contra toda clase de enemigos; emplead vuestro poder en destruir en mí todo aquello que desagrade a vuestro divino Hijo, y que de una vez para siempre se establezca en mi corazón el reino de su gloria y de su amor.
Jaculatoria: Elegit nos ut essemus sancti et immaculati - Nos escogió para ser santos y sin mancha en su presencia.
(1) In Psalt. min.
(2) Liturg S. Jac,
(3) Homil. 1 de Annunt.
(4) 1 de Nativ.
(5) Orat. de Dormit. V.
(6) Lib. de Virginit., cap. 10.
(7) Ps. CXVIII-80.
(8) De excell. B. Virg. cap. 9.
(9) Ephes., 1-4. |
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 709 :
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Posté le: Jeudi 23 Septembre, 2010 21:41 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
ORACIÓN DE LAS NIÑAS a la admirable niña María, para ofrecerse y consagrarse a su santa infancia.
Santísima y amabilísima Niña, heme aquí a vuestros pies con alma y corazón, con todo el respeto y la humildad que me es Posible y uniéndome a todo el amor y a toda la devoción de todos los corazones que os reverencian y aman, os saludo y glorifico, como me es posible, en el estado de vuestra santa infancia.
Oh admirable Niña, hija unigénita del Padre eterno, Madre del Hijo de Dios, Esposa del Espíritu Santo, en unión del amor infinito con que el Padre os escogió, desde el primer momento de vuestra vida, por Hija suya, el Hijo por su Madre, y el Espíritu Santo por su Esposa. Yo N. N. os escojo hay por mi soberana Señora y Patrona, por mi honorabilísima Madre y por Reina de mi corazón; y en unión del amor incomprensible con que el Verbo eterno se dio a Vos para ser vuestro Hijo, y se dio aún desde el primer momento de vuestra vida para ser el Hijo de vuestro corazón, puesto que desde entonces le formasteis e hicisteis nacer en vuestro corazón infantil; en unión, digo, de este mismo amor, os ofrezco, os entrego y consagro el estado de mi infancia y de toda mi vida, a gloria y alabanza de vuestra santa infancia protestando que quiero que todo mi ser, mi cuerpo, mi corazón mi alma, todos mis pensamientos, palabras y obras, todas las dependencias y pertenencias de mi vida. sean entera e irrevocablemente dedicadas y consagradas a la alabanza de vuestra gloriosa infancia.
¡Oh Niña incomparable!, emplead todo el poder que Dios os ha dado para tomar una entera y perfecta posesión de todo lo que hay en mí, y para disponer absolutamente de ello, de la manera más grata a vuestro Hijo. Destruid totalmente en mí cuanto os desagrade, e imprimid en mi interior y en mi exterior una viva imagen de la inocencia, de la sencillez, de la obediencia, de la paciencia, de la humildad, de la caridad, del menosprecio del mundo, del desprendimiento de todas las criaturas, de la pureza, del silencio, de la dulzura, de la modestia y de todas las demás virtudes de vuestra bienaventurada infancia; y todo ello únicamente para la gloria de vuestro amado Hijo, a fin de que sea del número de los hijos de su Corazón y del vuestro, en el tiempo y en la eternidad.
Bienaventurado San Gabriel, bienaventurado San Joaquín, bienaventurada Santa Ana; ángeles y santos todos, ayudadme con vuestras santas oraciones a conseguir de mi divina Madre el efecto de mi petición, a fin de que sea digna de alabar, amar y glorificar con Ella y con Vosotros a la Santísima Trinidad por los siglos de los siglos. As! sea.
(Será muy bueno renovar esta consagración todos los años el día de la Presentación o el día ocho de cada mes, dedicado especialmente a honrar la divina infancia de la sacratísima Madre de Dios). |
FIN
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