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Guillaume

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Posté le: Samedi 12 Juin, 2010 19:42 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
¡Pobres insensatas! ¿No ola al Hijo de Dios que os dice que el día terrible del juicio os hará dar cuenta de toda palabra inútil que hayáis dicho? (1) . Siendo esto así, ¿qué cuenta os pedirá de tanto tiempo tan mal empleado? ¿No sabéis que como consecuencia del pecado en que nacisteis y de los pecados actuales que habéis cometido, no tendríais derecho a vivir un momento si el Hijo de Dios no os lo hubiese adquirido con sus sangre y con su muerte?
Si, iodos los momentos de vuestra vida han costado la sangre adorable y la muerte dolorosísima del Cordero inmaculado; lo que os debiera obligar a amar y estimar todos estos momentos como una cosa que ha costado un precio infinito a vuestro Salvador, y que El os ha dado con un amor infinito, a fin de que lo empleéis en servirle y amarle, y en ganaros la feliz eternidad.
¿No oís al Espíritu Santo que os dice por boca de San Pablo, que no sois vuestras sino de Aquél que os compró con tan gran precio? (2). Sí, sabed que el Hijo de Dios compró al precio infinito de su preciosísima sangre, vuestro ser, vuestra vida, vuestro cuerpo, vuestra alma, vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestros años, vuestros meses, vuestras semanas, vuestros días, vuestras horas, vuestros momentos. De donde se sigue que no tenéis derecho a hacer uso alguno de lo que en vosotras hay, ni a emplear un solo momento de tiempo sino por El; y que cuando empleáis alguna de estas cosas por el mundo o por vuestras pasiones, cometéis un robo , arrebatando a vuestro Redentor una cosa que El ha comprado al precio de su sangre.
Aun cuando no hicierais otro mal que pasar vuestro tiempo inútilmente, en lugar de emplearlo en buenas obras, ¿qué seria de vosotras, si tiene dicho la Verdad eterna que todo árbol que no da fruto será cortado Y arrojado al fuego eterno? (3).
¿Pero tenéis en cuenta para algo la promesa solemne que hicisteis a Dios en el santo bautismo a la faz de su Iglesia, de renunciar a Satanás, al pecado y al mundo, y de seguir a Jesucristo como los miembros deben seguir a su cabeza? ¿No sabéis que seréis juzgadas a la hora de la muerte conforme a esta promesa, y que si no la habéis guardado, éste será el motivo de vuestra condenación? Decidme ahora, os lo suplico, ¿es guardar esta promesa vivir como lo hacéis? ¿Es esto marchar por el camino por el que Nuestro Señor Jesucristo y su santa Madre y todos los Santos han marchado? ¿Ha llegado al cielo alguna de las personas que han seguido este camino? Ni una, si no lo ha abandonado antes de morir. Por el contrario, es este el gran camino del infierno, por el que han llegado a él una infinidad de almas, y allí arden y arderán eternamente.
Oigo una voz que clama en el Apocalipsis: « ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo habió a vosotros arrojado del cielo, y está lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo» (4). Si este dragón cuenta los siglos y los millares de años por un tiempo tan corto, atendida la manía que tiene de hacer cometer muchos crímenes y de perder gran número de almas, ¿qué interés no debierais poner en emplear muy de otra manera a como lo hacéis, el poco tiempo que tenéis para trabajar en el gran negocio de vuestra salvación, puesto que esta vida no es más que un momento?
¿No oís a este ángel de que se habla en el Apocalipsis que, poniendo un pie en la tierra y otro en el mar, para demostrar que va a hablar en nombre del que mande en la tierra y en el mar, y levantando la mano al cielo, jura por el que, ve en los siglos de los siglos que ya «no habrá más tiempo?» (5). Este juramento se cumplirá pronto con vosotras. Cercano está ya el día en que se dirá con toda verdad que no hay ya tiempo para vosotras. Pronto vendrá la hora, que será el fin de vuestro tiempo y el comienzo de vuestra eternidad, y si no os convertís, se dirá de cada una de vosotras: «Ha de ir a la casa de su eternidad» (6). Esta mundana, esta libertina se ha ido a la casa de su eternidad, y de una desgraciada eternidad. No hay más tiempo para ella, no hay sino una eternidad de terribles suplicios. Pasó su tiempo, y bien pronto para ella; pero esta terrible eternidad no acabará jamás. Y, en fin, ved el epitafio que habrá que poner en vuestra sepultura: «Pasó en delicias los días de su vida, y en un momento bajó -al sepulcro» (7). Esta miserable gastó todo su tiempo en placeres y vanidades del mundo, y en un momento, cuando menos pensaba en ello, ha sido precipitada a los infiernos.
Si deseáis evitar este terrible mal, haced penitencia mientras tenéis tiempo, cambiad de vida, miráos en el espejo que Dios os ha dado, seguid el ejemplo de la Niña María en el santo empleo que ella hizo de su tiempo, y tendréis más verdadero sólido gozo en una hora que el que no pueden tener en toda su vida las que siguen al mundo.
(1) 1 Cor. 6-19, 20.
(2) Matth. 12-36.
(3) Matth. 7-19.
(4) 12-12.
(5) Apoc. 10.6.
(6) Eccl. 12-5.
(7) Job. 21-13. |
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Guillaume

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Posté le: Samedi 12 Juin, 2010 19:51 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CAPITULO XXXIII PARA LAS QUE HACEN PROFESIÓN DE DEVOCIÓN
Entre las jóvenes' y demás mujeres que hacen profesión especial de devoción, hay muchas que llevan con ellas su espejo a todas partes, digo, este divino espejo del que he hablado en el capítulo precedente; que tienen sumo gusto en mirarlo con frecuencia, y que se dan con todo cuidado a imprimir en su interior una viva semejanza de aquella, cuya imagen lleven en su exterior por la condición de su sexo.
Pero, sin embargo, el número de éstas es muy pequeño, en comparación de muchas otras que se colocan en el rango de las devotas y no tienen más que la careta y apariencia de la verdadera devoción. ¿Quiénes son éstas? Son las que quieren colocar el arca del verdadero Dios junto al ídolo de Dagón y mezclar la devoción con el amor del mundo, de lo que el Espíritu Santo se lamenta por boca de San Juan: No queráis, amar al mundo, ni a las cosas del mundo. Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o amor del Padre (1) .
Son las que quieren comulgar con frecuencia, buenísima cosa cuando se saca fruto, pero no quieren corregirse de mil defectos de que están llenas. Las que desean comer con frecuencia en la mesa de Dios y beber el cáliz del Señor, como dice San Pablo (2), pero no quieren perder su puesto en la mesa de Satanás, ni en la copa de los demonios; no haciendo esfuerzo alguno para mortificar sus pasiones, sino dejándose llevar fácilmente de sus inclinaciones y de la inmortificación de sus sentidos.
Manifiestan gran entusiasmo para recibir con frecuencia en su boca el cuerpo adorable y la preciosa sangre del Hijo de Dios, y después están también prontas para burlarse del prójimo, para hablar en perjuicio suyo, para decir palabras de doble sentido, para cantar aires mundanos y cantos profanos, como si no hubiesen comido sino un pan común y ordinario.
Son las que no querrían faltar a oír todos los días la santa misa, pero que no están por privarse de la satisfacción de presenciar ciertas comedias, aunque la iglesia las haya condenado como una cosa perniciosa.
Son las que leen a veces libros de piedad, pero que se pasan las noches leyendo amoríos o cosas semejantes en libros que tan al desnudo presentan las libertades de l os hombres, que están llenos de veneno que emponzoñan. las almas de las personas que los leen. Lo que hizo decir al gran Gerson, una de las más esclarecidas antorchas de la célebre universidad de París, hablando de cierto novelista, que «si supiera que se había muerto sin hacer penitencia de su pecado, no pediría a Dios por él más que por Judas».
Son las que tienen en sus habitaciones algunos cuadros de devoción, pero a la vez pinturas y algunas veces hasta figuras poco honestas por las posturas indecentes y por la desnudez que en ellas se ve, lo que es causa de que se cometan miles de pecados.
Son las que asisten con bastante asiduidad a las predicaciones de la palabra de Dios, pero que no hacen escrúpulo en tomar parte en bailes inventados por el demonio, como ocasión de infinidad de pecados y condenación de muchas almas. Lo que hace decir a San Efrén que la danza es «la alegría de los diablos y la tristeza de los ángeles» (3) ; y a San Crisóstomo que es « la vorágine del diablo» (4), que engulle multitud de almas para el infierno. Por eso el gran San Ambrosio clama, hablando a todas las madres: « Aprended mujeres cristianas, lo que debéis hacer amar a vuestras hijas y lo que debéis hacerles odíar; salte y dance la hija de la adúltera. Pero una madre casta y pudorosa debe enseñar la piedad y la virtud a sus hijas, y no la danza» (5). Y San Agustín llama al lugar en que se baila «la caverna más sucia del diablo» (6).
(1) 1 Joa. 2-15.
(2) 1 Cor. 10-20, 21.
(3) Homil, 69. in Matth. 13.
(4) Sermones.
(5) De Virgin, lib. 3.
(6) 215 de Temp.
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 727 :
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Posté le: Samedi 12 Juin, 2010 19:57 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
Son, además, las que hacen limosnas y obras aparentes de caridad, y hasta a veces fundaciones piadosas o cosas semejantes; pero que no pagan sus deudas, ni el salario debido a sus criados y criadas, ni a los obreros, ni lo que deben al panadero, carnicero, etc., por la manutención de su mesa; ni lo que trajeron de casa del pañero, del mercero y otros para vestir pomposamente, para amueblar sus casas, y para emplearlo en otros excesos de vanidad; todo lo cual, clama venganza delante de Dios.
Son las que, en lugar de amar el retiro y la soledad, que es carácter de la verdadera devoción, gustan mucho en correr de lado a lado, en hacer visitas mundanas e inútiles, no poniendo, por otra parte, cuidado alguno en la educación de sus hijos, ni en la instrucción de sus domésticos sin poner atención en estas palabras terribles de San Pablo: «Quien no mira por los suyos, mayormente si es de la familia, ese tal negado ha la fe, y es peor que un infiel» (1).
Saben, sí, hablar de materias de devoción, pero también infamar al prójimo y entretenerse con sus faltas, que es una de las señales más ciertas de la falsa devoción.
Parecen las tales, ángeles en la iglesia; pero son demonios en sus casas, estando siempre encolerizadas contra los suyos, a quienes mucho desedifican con sus enfados y gritos, haciéndoles de este modo odiosa la devoción.
Son las que están siempre colgadas de las orejas del director, a quien hacen perder mucho tiempo; pero que se conducen sin respeto ni obediencia a sus maridos y a sus padres.
Las que se tragan dulce como la leche el veneno de la lisonja y dejas alabanzas con que unas a otras se emponzoñan; pero que no sabrían sufrir una palabra de desprecio, sintiendo vivamente las menores ofensas que se les hace.
Las que están llenas de estima y complacencia de ellas mismas; pero que están reventando de envidia y de celos para con los demás.
Las que protestan que nada quieren hacer que sea desagradable a Dios; y a la vez no quieren desagradar al mundo. Porque, ¿cómo es que quieren vestirse mundanamente, llevar sobre ellas agradables olores, poner gran cuidado en la hermosura de su rostro y de sus manos, y hacer ostentación de la desnudez de sus brazos, sin cuidarse de aquello que dice San Crisóstomo que «las desnudeces, aún de las figuras muertas, mucho más de las vivas, son el asiento y trono del demonio»? ¿Por qué, digo, hacen todas estas cosas sino para agradar al mundo, por más que agradar a Dios y al mundo son cosas ordinariamente incompatibles? «Si todavía prosiguiese complaciendo a los hombres, no sería yo siervo de Cristo», dice San Pablo (2) .
Son, en fin, las que se persuaden que son muy sabias, y son, no obstante, verdaderamente locas, puesto que siguen la locura del mundo, como se echa de ver en los cambios continuos de sus modas: «El necio se muda como la luna» (3). Porque, no obstante su devoción, quieren seguir las vanas modas del mundo en sus vestidos, en sus muebles, en su lenguaje y en todo lo demás. ¡Malditas modas, que son las fuentes de mil y mil pecados y que atraen muchos castigos y maldiciones de Dios sobre ellas y sobre las demás.
(1) 1 Tim. V-8.
(2) Eccli. 27-12.
(3) Gal. I-10.
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Guillaume

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Posté le: Samedi 12 Juin, 2010 20:00 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
No os extrañe, después de todo esto, si un San Carlos Borromeo prohibía a los confesores de su diócesis dar la absolución a las mujeres que no llevasen vestidos modestos sino que vestían mundana y pomposamente. Encuentro en la vida de este gran Santo que, haciendo un día la visita pastoral y encontrando a una señora vestida mundanamente, le habló de esta manera: «Miserable, le dice, ¿no piensa usted en su salvación? No tiene usted seguridad de estar mañana con vida, ¿ y no piensa en su salvación?» ¡Cosa extraña!
¡Qué terribles son los juicios de Dios! Al día siguiente encontraron a esta desgraciada mujer muerta en su cama; señal para temer que no sacara el fruto que debía de tan caritativo aviso.
i Plegue a Dios abrir los ojos a las que quieren, mezclar al mundo con Dios, para hacerles conocer cuán lejos están de la verdadera devoción, y que el camino que llevan no l es llevará al cielo, si no lo abandonan, sino al infierno, porque «nadie puede servir a dos señores», dice el Salvador (1 ) . ¿Qué tiene que ver la santidad con la iniquidad, dice el santo Apóstol; ¿qué compañía puede haber entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y Belial? (2) «No podéis beber, dice el mismo Apóstol, el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios; No podéis tener parte en la mesa de Dios y en la mesa de los demonios» (3).
¿Hasta cuándo, pues, cojearéis de ambos pies?
Es el Espíritu Santo el que así os habla en el libro tercero de los Reyes (4). Si el mundo es vuestro Dios, si ha derramado su sangre y sacrificado su vida por vosotras y tiene un paraíso para daros, seguidle enteramente. Pero si el Señor es vuestro Dios, si es El el que ha derramado su sangre e inmolado su vida por vosotras, si es El el que puede enviaros a los tormentos del infierno o daros un reino eterno, seguidle perfectamente. No partáis vuestro corazón entre el amor de Dios y el amor del mundo, entre Jesucristo y el Anticristo. Dadlo todo a Dios a imitación de la pequeña hija de Joaquín y Ana, que da y emplea de todo corazón todo lo que es, todo lo que tiene y puede, toda su vida, todo su tiempo, exclusivamente para la gloria de su Dios. Dad todo al que os ha dado todo. Dad todo y tendréis todo, y podréis todo y seréis todo en el que lo es todo.
(1) Matth. 6-24.
(2) 2 Cor., 6-14, 15.
(3) 1 Cor. 10-20, 21.
(4) 18-21.
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Guillaume

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Posté le: Samedi 12 Juin, 2010 20:08 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CAPITULO XXXIV PARA LAS RELIGIOSAS
A vosotras, mis queridas hermanas, os miro y honro como a las imágenes vivientes de nuestra divina María. Porque hablo a verdaderas religiosas, que no lo son de nombre y solamente a los ojos de los hombres, sino que son religiosas de hecho y con toda verdad, ante Dios y ante los hombres; que han sido escogidas por la divina Bondad para ser llamadas a la santa religión; que no han entrado en ella por consideraciones humanas y terrenas, sino por motivos celestiales y divinos; que no han dejado el mundo a medias, sino completamente, y que no se han separado de él sólo con el cuerpo, sino con el espíritu y el corazón; que tienen en más su santa condición que la de princesas y reinas de la tierra; que no se contentan con llevar el hábito exterior de la profesión religiosa, sino que se esfuerzan por despojarse enteramente de ellas mismas, y por revestirse perfectamente de Jesucristo, según estas palabras del Espíritu Santo: Revestios de Nuestro Señor Jesucristo (1), es decir, de sus santas virtudes, y de sus divinas perfecciones; que aman su santa soledad como un verdadero paraíso terrestre; que temen salir de ella, más que los peces de su elemento; que huyen de la comunicación con el inundo como de una cosa muy peligrosa; que no se mueven sino por caridad y obediencia; que no están en las salas de visita sitio lo menos que pueden y tratando siempre de impulsar a los que vienen a verles al temor y al amor de Dios; que no hablan jamás entre ellas de noticias, curiosidades y bagatelas del mundo, sino de cosas de su profesión; que ponen todo su contento en guardar fiel y exactamente sus votos y sus reglas por amor de Aquél a quien más que a ellas mismas aman; que cifran sus delicias en conversar, en la oración y en la lectura de los libros de piedad, con el que nos asegura que sus delicias son estar con los hijos de los hombres (2) : que, estando bien persuadidas de que la maldición de Dios es inseparable de la desobediencia, y de que el bien soberano y único medio de agradar a Dios es no tener otra voluntad que la suya, se esfuerzan cuanto pueden por matar su propia voluntad, como se mata una serpiente, y por no tener otra que la de Dios que se les manifiesta por sus divinos mandamientos, por los de su Iglesia, por sus. reglas y por la voz de sus superiores; que, mirándose como esposas de Jesús e hijas de María, procuran continuamente hacerse agradables a su queridísimo Esposo ya sus amable Madre; que, en fin, sabiendo bien que todo su tiempo ha sido adquirido por el Hijo de Dios al precio infinito de su preciosa sangre, y que se les pedirá cuenta hasta de un momento, huyen de la ociosidad como del manantial de todos los males, y se ocupan siempre, a i mitación de la santa Virgen, en cosas agradables a Dios y útiles a sus almas. He aquí lo que es la verdadera religiosa, cuyo numero es hoy, gracias a Dios, muy considerable.
«Sois, dice San Cipriano, la gloria y la flor del celo eclesiástico, la gloria y el ornamento de la grada del cristianismo; sois la alegría de la Iglesia; sois la obra maestra a de la integridad y de la incorrupción, digna de un honor y de una alabanza inmortal; sois la divina ¡magen de la santidad del Señor; sois la más ilustre porción del rebaño de Jesucristo» (3).
A todo esto añado una palabra que lo comprende todo, y es, que sois las esposas del Rey de los reyes, y, por consiguiente, las hijas amadísimas de la Reina del cielo y de la tierra. He aquí una dignidad y un favor incomprensibles, tan grandes que si los pudieseis conocer perfectamente, estoy cierto de que, o moriríais de gozo o no querríais jamás cesar de decir: Sea Dios loado, por su don inefable (4).
Gracias tan grandes piden también cosas grandes. Puesto que sois las esposas del Santo de los santos e hijas de la Reina de todos los Santos, debéis trabajar en vuestra santificación, caminando por el camino por el que vuestro Esposo y vuestra Madre han caminado. Pero. si en lugar de seguir la ruta que el Esposo y la Madre de las vírgenes siguieron, tomáis la de las vírgenes fatuas, con las vírgenes fatuas iréis al mismo lugar a que ellas fueron, después que este adorable Esposo les hubo cerrado la puerta de su casa, diciéndoles que no las conocía: En verdad os digo que yo no os conozco (5). ¿Por qué fueron reprobadas? Cuando sobre ello reflexiono, tiemblo; porque no encuentro en el Evangelio que sea por lo alguno de malicia que hayan cometido, sino por la negligencia que tuvieron en hacer provisión de aceite para sus lámparas.
Y se redobla mi espanto cuando leo, en el mismo capítulo del Evangelio, en que se habla de estas miserables vírgenes, lo que está escrito inmediatamente después, que un siervo negligente es condenado por el soberano Juez a ser arrojado atado de pies y manos alas tinieblas exteriores, donde no hay más que llanto y crujir de dientes. ¿Por qué? Porque ha sido inútil, y no ha hecho el uso que debía del talento que su Señor le había dado.
Tened siempre delante de vuestros ojos, mis queridas hermanas, el bello espejo que Dios os dio en la persona de vuestra divina Madre. Mirad el ejemplo admirable de su vida y de sus virtudes, especialmente del santo uso que hizo de su tiempo. Concebid el propósito de emplear en adelante todo el vuestro en hablar con Dios en la oración; en oír hablar a Dios por sus inspiraciones, por la voz de los predicadores y por la lectura de los libros de piedad; en hablar de Dios con el prójimo; en seguir en todas las cosas su adorable voluntad; en trabajar por Dios, y en hacer cuanto hacéis para agradarle; en renunciar a vosotras mismas y a todas las cosas por amor del que se despojó de todo por vuestro amor; en darlo todo a quien todo os ha dado; en sufrirlo todo por el amor de Aquél cuya vida entera no fue sino un continuo sufrimiento por amor vuestro; en fin, en morir por El, si se presenta la ocasión.
De esta manera el Rey del cielo os amará como a queridísimas esposas, y su divina Madre como a sus muy amadas hijas.
(1) Rom. 13-14.
(2) Prov. 8-31.
(3) 2 Cor. 9-15.
(4) De disciplina et habitu virginum.
(5) Matth. 25,12. |
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Guillaume

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Posté le: Samedi 03 Juillet, 2010 17:56 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CAPÍTULO XXXV EXCELENCIA MARAVILLOSA DE LAS VIRTUDES DE LA NIÑA MARÍA
Es cierto que la dignidad infinita de Madre de Dios eleva a María por encima de todas las Puras criaturas; pero es también cierto lo que dice San Justino mártir, que «las virtudes por las que mereció ser Madre de Dios la hacen en cierta manera más feliz y gloriosa que su divina maternidad» (1).
¿Qué virtudes son estas por las que ha llegado a esta admirable dignidad? Son todas las virtudes cristianas que fueron infundidas en su alma con la gracia santificante, desde el instante de su inmaculada Concepción, y que de momento en momento tomaban tal acrecentamiento que, como la gracia que hay en esta divina Niña aventaja incomparablemente a todas las gracias de todos los Santos, así hemos de decir de las virtudes, que las posee todas en un grado más eminente que todos los Santos juntos.
Hay esta diferencia, dice el Doctor angélico, entre la bienaventurada Virgen y los demás Santos, que cada Santo sobresale en alguna virtud; pero la Reina de los Santos posee todas las virtudes en grado soberano. Por cuya razón es llamada por San Juan Damasceno «la casa y el palacio de todas las virtudes» (2) ; y por San Anselmo «el santuario de todas las virtudes» (3)
Pero, resplandecen especialmente en ella de maravillosa manera las virtudes que fueron desconocidas en los siglos precedentes, como la virginidad, la humildad, el amor a la pobreza, el amor de los enemigos, y otras semejantes. Porque ella es la que comenzó a practicarlas, y la que las practicó y enseñó con su ejemplo antes aún que Nuestro Señor Jesucristo. De aquí viene que el Espíritu Santo la llame: El comienzo de los caminos del Señor (4).
Voy más allá; me atrevo a decir con muchos santos Doctores que la menor de las virtudes de nuestra santa Niña da más gloria a Dios y le es más grata que todas las virtudes juntas de todos los Santos, porque realiza los más pequeños actos de virtud con más gracia y amor que lo que hay en todos los Santos, como dijimos en su lugar.
Aún voy más adelante, porque no temería decir después del gran San Jerónimo, que como no hay bondad ni santidad comparable a la de Dios, no hay tampoco virtud ni perfección, por eminente que sea, que pueda compararse con la virtud y perfección de nuestra incomparable Virgen.
De aquí viene el que San Gregorio Nacíanceno, San Juan Damasceno y San Eutiquio, patriarca de Constantinopla, digan de María, Madre de Jesús, lo que la Iglesia canta de Jesús, Hijo de María: «Tú sólo eres santo». «Tú sola santa, tú sola pura, tú sola casta, tú sola humilde», dicen estos santos Padres hablando a la Madre de Dios.
San Anselmo añade a esto una cosa notable: «Las virtudes de María, dice (5), nos dan un ejemplo que tiene yo no sé qué de más dulce, de más humano, de más conforme a nuestra debilidad que las virtudes de su Hijo, porque la alteza y esplendor de éste nos deslumbra y nos abruma, pero la dulzura y la suavidad de aquélla nos atrae, nos anima a imitarlas, especialmente cuando las consideramos en el ejercicio que de ellas hizo durante el curso de su santa infancia».
(1) Quaeest. 136. ad Orthod.
(2) De fide orthodox, lib. 4. cap. 15.
(3) Orat. ad B. V.
(4) Prov. 8-22.
(5) Lib. de excell. Virg. |
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 727 :
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Posté le: Samedi 03 Juillet, 2010 18:00 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
Entre todas las virtudes que resplandecen como otras tantas estrellas, o mejor, como otros tantos soles en el cielo de la santa infancia de nuestra divina María, señalaré aquí doce de las más principales.
La primera es su inocencia. Ella sola, después de Jesús, ha estado dotada de una perfectísima inocencia, tanto por haber estado totalmente exenta de todo pecado original y actual, como porque jamás ha sabido lo que es perjudicar a cualquiera que sea y de manera que sea.
La segunda es su sencillez. Practicó excelentemente estas palabras que su Hijo debía decir mucho tiempo después: «Sed sencillos comopalomas» (1). Porque una de las alabanzas que su divino Esposo, el Espíritu Santo, le dirige es ésta: «Son tus ojos como los de la paloma» (2). Jamás tuvo curiosidad ni doblez, que son los contrarios de la sencillez. Huyó de la duplicidad en sus pensamientos, en sus proyectos, en su deseos, en sus intenciones, no teniendo nunca más que un solo proyecto, un solo deseo y una única in intención en todas las cosas, que era la de agradar a Dios y cumplir perfectísimamente su adorabilísima voluntad.
La tercera virtud es su humildad. Fue tan humilde que jamás se prefirió a nadie, antes se miró y se trató siempre como la última de todas las criaturas. Dijo una día a Santa Matilde que la primera virtud que practicó, desde el primer instante de su vida, fue la humildad.
La cuarta es su obediencia. Fue tan obediente que, mirando siempre a Dios en sus padres y superiores, les obedeció siempre perfectísimamente, sin desagradarles jamás.
(1) Matth., 10-16.
(2) Cant., 1-14.
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Guillaume

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Posté le: Samedi 03 Juillet, 2010 18:05 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
La quinta virtud es su paciencia. Como jamás nadie ha sufrido tantos trabajos, tantas persecuciones, tantos oprobios y tantas angustias como ella, después de su Hijo; jamás se ha visto tampoco paciencia como la suya. Porque, conociendo desde su infancia que el Hijo de Dios debía venir al mundo y sufrir en él tormentos tan atroces y una muerte cruelísima para salvar a los hombres; este conocimiento, junto al amor ardentísimo que le tenía, le causó dolores inconcebibles que le proporcionaron amplísima materia para ejercitar una paciencia tal como la de Aquel.
La sexta virtud es su amor a Dios. No amó nunca más que a Dios, comenzando a amarle desde el primer instante de su vida. Lo amó ella sola desde su infancia más que todos los ángeles y santos juntos. Su amor a Dios quiere decir que más hubiera querido ser aniquilada que dar a criatura alguna la menor centellita del amor que debía al Criador; que todo lo hizo, todo lo sacrificó, todo lo dejó por su amor; que jamás tuvo otra voluntad que la suya; y que, como el Padre eterno llama a su Hijo el hombre de su voluntad (1), bien puede llamar a María «la Virgen de su voluntad», o bien «mi voluntad en ella». Porque la divina voluntad siempre reinó en esta admirable Niña con toda perfección, y siempre puso su gozo y sus delicias en querer todo lo que Dios quería, y en no querer nada de lo que El no quería, lo cual es una señal contundente del divino amor.
La séptima virtud es su caridad para con el prójimo. Lo cual quiere decir que jamás tuvo pensamiento alguno, ni dijo palabra alguna, ni realizó obra alguna contraria a esta virtud; sino que siempre hizo a todos todo el bien que pudo; que amó hasta a sus más crueles enemigos, es decir, a los que conocía, por la lectura de los santos Profetas, que habían de crucificar al Salvador del mundo, para quien tuvo desde su infancia un amor incomparable, y hasta tal punto los amó que ya desde entonces comenzó a pedir misericordia por esos pérfidos, y a ofrecer por ellos al Padre eterno la sangre preciosa que habían de derramar sacada de las venas sagradas de este adorable Redentor.
La octava virtud fue el desprecio y desprendimiento del mundo y de sí misma. Vivió siempre desde el comienzo de su vida con un desprecio y desprendimiento del mundo tan grande, que podía decir mucho mejor que San Pablo: Miro a todas las cosas como basura para ganar a Cristo (2). Muerta enteramente estaba a sí misma, a todas sus voluntades e inclinaciones, a su propio espíritu, a su amor propio, a todos sus intereses y satisfacciones, no sólo en las cosas corporales, sino también en las espirituales, no buscando en todo y por todo sino contentar a Aquél en quien y por quien únicamente vivía, respiraba y hacía todas las cosas.
(1) Is., 46.11.
(2) Philip., 3-8. |
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 727 :
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Posté le: Samedi 03 Juillet, 2010 18:07 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
La novena virtud es su pureza virginal, que tanto amó desde el primer momento de su vida que hizo voto de ella, según el sentir de muchos Doctores; y los santos Padres aseguran que si se le hubiese propuesto ser Madre de Dios sin ser virgen, o ser virgen sin ser Madre de Dios, en el supuesto de que Dios le hubiese mandado elegir una de estas dos cosas, hubiera ella preferido la virginidad a la divina maternidad, y que esto era lo que quiso decir en las palabras que dijo a San Gabriel: ¿Cómo ha de ser esto? (1).
La décima virtud es su silencio. Es decir que amó tanto el silencio y tan exactamente lo guardó en su infancia que no leemos en las sagradas Escrituras, ni en las historias eclesiásticas, ni en autor alguno que haya hablado una sola palabra, sea mientras estuvo en casa de sus padres, sea el día de su presentación en el templo, sea durante el tiempo que en el templo vivió.
La undécima virtud es su dulzura y mansedumbre. Yo os diré de ella que jamás se vio semejante bondad y mansedumbre, después de la de su Hijo. Lo que obliga al Esposo, al Espíritu Santo, a hablarle así: Miel y leche tienes debajo de la lengua; son tus labio,,? un panal que destila miel (2). Y el mismo Espíritu Santo la hace hablar de esta manera: Mi espíritu es más dulce que la miel, y más suave que el panal mi herencia (3).
Pero no sólo ha estado de este modo llena de dulzura en su infancia, la conservó siempre y la conservará eternamente.
Tan llena ha estado de ella aun para con los más horribles pecadores, que jamás ha rechazado a ninguno de los que van e ella para invocar su auxilio, especialmente en lo que mira a su salvación, aun cuando hubieran cometido todos los crímenes imaginables. La misma Iglesia nos lo recalca cuando dice que ella es nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza y que está llena de clemencia, de piedad, de misericordia y de mansedumbre.
La duodécima virtud es su modestia. De ella os diré que estaba revestida de una modestia angelical, que su exterior era tan compuesto que la hubieseis tomado por un ángel encarnado que encantaba y edificaba maravillosamente a iodos los que la contemplaban.
¡Alabanzas y gracias inmortales al Dios de las virtudes por todas las perfecciones con que enriqueció a esta admirable Niña! ¡Honor y eterna bendición a nuestra divina María por toda la gloria que dio a la Santísima Trinidad con la práctica de todas las virtudes que ejercitó durante el curso de su infancia!
(1) Luc., 1-34.
(2) Cant., 4-11.
(3) Eccli., 24-27.
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Guillaume

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Posté le: Samedi 03 Juillet, 2010 18:26 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CAPITULO XXXVI LAS VIRTUDES DE LA SANTA INFANCIA DE MARÍA, MODELO Y REGLA DE LAS VIRTUDES QUE TODOS LOS FIELES DEBEN PRACTICAR
Después de haber puesto delante de vuestros ojos, en el capítulo precedente, un pequeño compendio de las eminentes virtudes de nuestra amable Niña, os diré ahora con el gran San Ambrosio: Fue tal María que su vida fue la enseñanza de todos (1). ¿Queréis ser de¡ número de los discípulos de esta divina Maestra? ¿Queréis formar vuestra vida y vuestras costumbres sobre el sagrado modelo de la vida y de las costumbres de vuestra gloriosa Madre? Esforzáos por caminar sobre los pasos que ella os ha trazado en su dichosa infancia, mediante una cuidadosa y fiel imitación. A este efecto:
Primero. Si deseáis imitar su inocencia, temed el pecado, huíd de su menor sombra más que de la muerte, y vivid de suerte que pueda decirse de vosotros con verdad que no sabéis lo que es perjudicar a nadie; así es como seréis verdaderamente inocentes.
Segundo. Si queréis imitar su sencillez, guardáos de la curiosidad, que le es muy contraria; huíd de la duplicidad que la destruye, no admitendo en vuestro corazón más que un solo proyecto, una sola pretensión, a saber: la de agradar a Dios y uniros a todas sus santas voluntades. Pero sobre todo detestad y aborreced la mentira, el disfraz, la doblez, el artificio como a enemigos jurados de la sencillez cristiana.
Tercero. Si deseáis seguirla en los caminos de su humildad, aborreced todo lo que es contrario a esta santa virtud, en vuestros pensamientos, en vuestras palabras y acciones; estudiáos cuidadosamente a vosotros mismos, para que, conociendo que no sois nada, que no podéis nada, que nada tenéis de vosotros mismos más que la nada, el pecado, la perdición y un abismo de toda clase de miserias, aprendáis a no preferiros jamás a nadie, sino a concebir una muy baja estima de vosotros mismos, a poneros debajo de todos, a amar la abyección y el menosprecio como cosa que os es conveniente, y a humillaros en todo lugar, en tordo tiempo y en todas las cosas.
Cuarto. Si tenéis deseo de imprimir en vosotros la imagen de su obediencia, mirad y tratad a vuestra propia voluntad como a vuestro más formidable enemigo y esforzáos por aplastarle como a una serpiente. Destruid todos vuestros deseos a los pies de Nuestro Señor, dejándole querer y desear para vosotros cuanto le agrade, complaciéndoos de no tener otra voluntad que la suya y de poner todo vuestro gozo y vuestro paraíso en su propio contento, y, por consiguiente en su santísima voluntad; porque El toma infinito contentamiento en todo lo que quiere y hace; y por este medio os llamará: «el hombre de mi voluntad» (2). Mirad, honrad y amad a vuestros superiores como a personas que ocupan el lugar de Dios, y a las que debéis obedecer pronta y ciegamente con alegría, como a El mismo, grabando en vuestro corazón esta verdad: que la bendición de Dios acompaña en todas partes a la obediencia, y que su maldición va inseparablemente unida a la desobediencia; de suerte que la bendición de Dios está en todo lo que se hace por obediencia, y su maldición en todo 16 que se hace contra su obediencia. Vuestra es la elección, mi querido hermano: «Ya veis que os Pongo delante la bendición y la maldición» (3). Escoged pues.
(1) Lib. 2 de Virg.
(2) Is., 46-11
(3) Deut., 11-26.
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Dernière édition par Guillaume le Mercredi 14 Juillet, 2010 20:29; édité 1 fois |
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Guillaume

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Posté le: Mercredi 14 Juillet, 2010 11:30 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
Quinto. Si tenéis el propósito de seguir a nuestra amable Niña en su paciencia, trabajad fuertemente por domar vuestra cólera, vuestras tristezas, vuestras impaciencias en los accidentes fastidiosos que con frecuencia ocurren en la vida, tomando todas las cosas como venidas de la mano de Dios, y llevando con paciencia los sufrimientos por su amor.
Sexto. Si deseáis imitar su amor a Dios, desterrad enteramente de vuestro corazón el amor del mundo, el amor de las criaturas, el amor desordenado a vosotros mismos. Considerad frecuentemente que no estáis en el mundo sino para amar a Dios; que tenéis una infinidad de obligaciones de amarle; que este amor es el verdadero centro de vuestro corazón; que ahí es donde él encontrará su descanso, su paz, y su perfecta felicidad; y que fuera de esto, no encontraréis jamás otra cosa que turbación, amargura, angustia, maldición e infierno. Dad, pues, vuestro corazón al que os lo pide hace ya tanto tiempo: no hagáis ya nada si no por su amor; sed fieles a todos los deberes y obligaciones de vuestra condición por amor a El, y en hacer todas las cosas con perfección, con un gran corazón, por amor del que es para vosotros todo amor y todo corazón.
Séptimo. Si habéis resuelto imprimir en vuestro corazón una semejanza de la caridad de nuestra muy caritativa Niña, no permitáis nada en vuestros pensamientos, en vuestros afectos, en vuestras palabras, ni en vuestras acciones que sea ni siquiera un poco contrario a la caridad fraterna. No hagáis al prójimo lo que no querríais que a vosotros se os hiciera; y haced por cada uno lo que quisierais que por vosotros se hiciera. Sobre todo, detestad la envidia, la maledicencia, la murmuración, las chanzas pesadas, y no guardéis jamás frialdad ni resentimiento en vuestro corazón; sino tened a mucha honra, y profesad muy altamente el obedecer de todo corazón a la voz de vuestro amabilísimo Salvador, que os manda que améis a los que os odian, que bendigáis a los que os maldicen, y que roguéis a Dios por los que os calumnian y os persiguen.
Octavo. Si estáis bien resueltos a no ser del mundo, como jamás lo fueron vuestro Padre y vuestra Madre, Jesús y María: «No soy del mundo» (1), dice el Hijo de Dios; y su santísima Madre pudo decir otro tanto desde su infancia; grabad en vuestro corazón estas palabras de vuestro Salvador, que dijo dos veces la víspera de su muerte, hablando de sus hijos: «Ellos ya no son del mundo, como ni yo tampoco soy del mundo»,(2), y estas de su Amado Discípulo: «No queráis amar el mundo, ni a las cosas del mundo. Si alguno ama al mundo, no habita en él la caridad o amor del Padre» (3).
Como también si deseáis imitar al Hijo y a la Madre en la abnegación que para con ellos mismos practicaron, estudiad y practicad estas divinas palabras de nuestro Salvador: «Sí alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, y cargue con su cruz y sígame» (4) .
(1) Joan, 16-6.
(2) 1 Joan, 2-15.
(3) 1 Joan, 2-15.
(4) Matth., 16-24.
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 727 :
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Posté le: Mercredi 14 Juillet, 2010 11:44 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
Noveno. Si amáis la pureza como nuestra santísima Niña la amó, que hizo voto de ella desde el primer momento de su vida, y si teméis a su enemigo, que es el más horrible de todos los monstruos infernales, y el que más almas arroja al infierno, huíd más que de la muerte y del infierno mismo, de todo lo que pueda empañarla con palabras, con acciones o de cualquier manera que sea. Sobre todo, haced pacto con los ojos, a imitación del santo Job (1) de no mirar jamás objeto alguno que sea capaz de arrojar el veneno de la impureza en vuestro corazón. Y cuidad de poneros siempre bajo la protección de esta purísima Virgen.
Décimo. Si deseáis guardaros de los pecados de la lengua, que son perniciosísimos y numerosísimos, amad particularmente el silencio que religiosamente observó nuestra gloriosa Niña, acordándoos de estas palabras del Espíritu Santo: «En el mucho hablar no faltará pecado» (2) ; y de estas otras del apóstol Santiago: «Si alguno se precia de ser religioso o devoto sin refrenar su lengua, la religión suya es vana» (3).
Undécimo. Si os encanta la mansedumbre y benignidad de nuestra dulcísima Niña, escuchadla, que os dice lo que también su Hijo os dirá a su tiempo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde dé corazón (4) ; y que mi espíritu es más dulce que la miel» (5).
Y a fin de excitaros a aprender bien esta santa lección, considerad frecuentemente estas sagradas palabras de su amado Hijo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra» (6). Y las de su divino Esposo, el Espíritu Santo: «No cae bien en el siervo de Dios el altercar, sino ser manso con todos» (7). «La respuesta suave y humilde quebranta la ira» (8) . «La palabra dulce multiplica los amigos y aplaca a los enemigos» (9).
Duodécimo. Además de lo dicho, representáos con frecuencia la maravillosa compostura exterior y la modestia más que angelical de nuestra amable Niña, a fin de animaros a la práctica de esta santa virtud que el Espíritu Santo no cesa de predicaros y recomendaros por estas palabras del Apóstol: «Sea vuestra modestia patente a todos los hombres» (10).
En fin, si tenéis una verdadera voluntad de imprimir en vosotros una imagen de las admirables virtudes de la santa infancia de vuestra divina Madre, es necesario que empleéis tres medios para llegar a este fin: la oración, la mortificación y la vigilancia. La oración, para obtener las luces y las gracias de que para ella tenéis
necesidad. La mortificación, Para mortificar en vosotros vuestras pasiones, vuestros malos hábitos, y todo lo que es contrario a las susodichas virtudes. La vigilancia sobre vuestro espíritu, sobre vuestro corazón, sobre vuestra lengua y sobre todo vuestro comportamiento a fin de no dejaros llevar de los Pensamientos, sentimientos, palabras y obras opuestos a estas mismas virtudes, sino a fin de abrazar con fervor todas las ocasiones de practicarlas.
(1) Job, 31-5.
(2) Prov., 10-19.
(3) Jac., 1-26.
(4) Matth., 11-29.
(5) Eccli., 24-27.
(6) Matth., 5-4
(7) 2 Tim., 2-24.
(8) Prov., 15-1.
(9) Eccli., 6-5.
(10) Philip., 4-5.
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Guillaume

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Posté le: Mercredi 14 Juillet, 2010 11:52 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: | Escribe San Buenaventura (1) que la bienaventurada Virgen declaró un día a Santa Isabel de Hungría que, «a excepción de la primera gracia santificante que la divina bondad derramó en su alma en el primer momento de su vida, no tuvo don alguno de Dios, ni gracia, ni virtud, sino con gran trabajo, una continua oración con ardentísimos deseos, con una profunda devoción, con muchas lágrimas y mortificaciones: empleando siempre por su parte todo cuidado, vigilancia y fidelidad posibles para agradar a su divina Majestad en sus pensamientos, palabras, acciones y en todas las cosas. A lo que añadió estas palabras, hablando a esta Santa: «Una cosa debes saber, hija mía, que es muy cierta, que no se da gracia alguna al alma cristiana sino mediante la oración y mortificación, tanto de cuerpo como de espíritu».
Después de todo, no obstante, es siempre una gran verdad que el camino de las virtudes que conduce al cielo es mucho más fácil que el camino de los vicios que lleva al infierno, y que lo que Dios manda es siempre más cómodo, y que las cosas opuestas a sus mandamientos son las más difíciles. Por esto nos asegura que «su yugo es suave y su carga ligera», y por el contrario, podemos decir con entera verdad que la tiranía que el demonio y los vicios ejercen sobre sus esclavos es cruel e 'insoportable. He aquí, para terminar, un oráculo del Espíritu Santo que no puede engañar se a nadie: «Tribulación y angustias aguardan sin remedio al alma de todo hombre que obra mal. Mas la gloria, el honor y la paz, serán la porción hereditaria de todo aquel que obra bien» (2) .
¡Oh queridísima Madre, oh Reina de mi corazón, pedid a vuestro amado Hijo que me conceda la gracia de olvidar por completo todo lo que hay en la tierra, para no, pensar ya sino en El y en Vos , pana no amar mas que a El y a Vos, para no buscar en adelante otro consuelo que en Jesús y en María, y no preocuparme ya más de agradar sino a Jesús y a María!
¡Oh Madre de gracia, los hombres no conocen vuestras bondades. Ciertamente, si conociesen convenientemente una mínima parte de ellas, os consagrarían por completo sus corazones, y los entregaríais Vos a vuestro Hijo, y les colocaríais en el rango de sus hijos, y de esta manera las almas no bajarían por millares al infierno, como a diario acontece!
(1) Medit. vitae Chr., cap.
(2) Rom., 2-9.
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Guillaume

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Posté le: Mercredi 14 Juillet, 2010 11:59 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
He aquí por qué he trabajado por presentar al público este libro, a fin de que cuantos lo lean os conozcan un poco, y para contribuir por este medio a la salvación de algunas almas. Reconozco ante el cielo y la tierra que todo lo bueno que pueda llevar, lo he recibido por vuestro medio de vuestro Hijo, que es el único principio de todo bien; y que no he tenido más intención que la de agradarle y darle gloria, escribiendo las alabanzas de vuestra admirable infancia, porque el honor de la Madre es la gloria del Hijo. i Oh qué feliz sería, si me fuera dado sellar con mi sangre todas las verdades que en este libro se contienen, para alabanza del Hijo y de la Madre.
Puedo decir, con verdad, que más he trabajado con el corazón que con la mano; por esto querría con todo mi corazón poder imprimirlo en los corazones de todos los habitantes de la tierra, a expensas de un millón de vidas, si las tuviese. Suplico a vuestro divino Esposo, el Espíritu Santo, que El mismo lo haga y que se sirva de las cosas que aquí van escritas, para grabar en las almas de los que las leyeren una devoción especialísima a vuestra santa infancia.
Si este pequeño trabajo, que ha sido para mí más que labor onerosa delicioso descanso porque como he dicho, es la obra más de mi corazón que de mi mano; si esta pequeña obra, digo, os es agradable, oh Reina de mi corazón, haced de suerte que me obtengáis de vuestro Hijo la gracia de acabar otra que he comenzado sobre vuestro amabilísimo Corazón, a fin de que lo poco que me resta de vida lo consuma cantando las alabanzas del Corazón admirable de mi amabilísima Madre, de cuya bondad tengo recibidos innumerables favores. Permitidme, oh mi buenísima Madre, que os haga a este fin la misma súplica que os fue hecha por uno de vuestros mejores hijos expresada en estos términos (1) :
«Obtenedme de vuestro Hijo, oh sacratísima Madre de Dios, por vuestras continuas oraciones, que emplee toda mi vida en alabaros, glorificaros y bendeciros, en publicar vuestras virtudes y vuestras excelencias, en anunciar vuestras maravillas, en predicar vuestra vida ejemplar y divina, en dar a conocer a todos, los tesoros inmensos de bondad, de misericordia y de caridad que están ocultos en vuestro maternal corazón, para que encuentre la vida eterna en vuestras alabanzas, según vuestras palabras y promesas: «Los que me esclarecen, obtendrán la vida eterna» (2) ; o mejor, para que no viva ni en la tierra, ni en el cielo sino para cantar incesantemente con mis pensamientos, palabras, acciones, escritos, con todos los latidos de mi corazón y de mis venas, y con todas mis respiraciones, las alabanzas de mi adorabilísimo Jesús y de mi amabilísima María.
En fin, yo os suplico con todo mi corazón, oh Madre de gracia y de bendición, que deis vuestra santa bendición a todos los que leyeren este libro, y que nos alcancéis de vuestro Hijo que ellos y yo seamos del número de los que tendrán la dicha de oír estas dulces palabras de su divina boca, el día terrible del juicio: «Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino celestial que os está preparado desde el principio del mundo» (3) ; los cuales bendecirán, amarán y glorificarán eternamente, con Vos y con todos los habitantes del cielo, a la adorabilísima y amabilísima Trinidad, a quien sean dados honor, gloria y bendición por los siglos de los siglos.
(1) Raymundo Jordan. in Prolog. Contempl.
(2) B. V.Eccli.í 24-31.
(3) Matth., 25-34.
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Guillaume

Inscrit le: 17 Jan 2010 Messages: 727 :
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Posté le: Mercredi 14 Juillet, 2010 12:05 Sujet du message: |
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| La infancia admirable de la Santísima Madre de Dios - San Juan Eudes a écrit: |
CAPITULO XXXVII MEDITACIONES SOBRE LA SANTA INFANCIA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN
Harto que meditar encontraréis en este libro sobre los tres principales misterios de la santa infancia de esta bendita Virgen, es decir, sobre su Concepción Inmaculada, sobre su Natividad y sobre su Presentación.
No dejaré, sin embargo, de poner aquí algunas meditaciones enteras sobre el sagrado nombre de María, sobre las razones por las que quiso Dios que pasase por el estado de la infancia, sobre la inocencia y sencillez de esta amable Niña, sobre su humildad, sobre su obediencia, sobre su caridad y mansedumbre, sobre su silencio y sobre su virginidad.
Podrán muy bien servir para una novena preparatoria de la gran fiesta de los Colegios: la Niña María en el misterio de su Presentación en el templo. Si las encontráis largas, no toméis más que lo necesario para entreteneros con Nuestro Señor durante el tiempo que se os señale, dejando lo demás para otra vez.
PRIMERA MEDITACIÓN
PARA LA FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE MARÍA
Punto 1 - Origen y significación del Nombre de María
Considera que el nombre santísimo de María ha venido del cielo; que salió del corazón a adorable de la santísima Trinidad, en el que estuvo oculto desde toda la eternidad; que ha sido traído a la tierra por el arcángel San Gabriel que se lo anunció a San Joaquín y a Santa Ana, y que es un maravilloso tesoro que contiene riquezas inmensas.
Porque, en primer lugar, encierra en sí la divina Maternidad, puesto que María quiere decir, según San Ambrosio «Dios, nacido de mi raza ».
Además, María significa «iluminada e iluminadora», y no sin razón. Porque tan llena estuvo de luces desde el primer momento de su vida, que conocía al Criador y a las criaturas y cuanto hay que hacer o evitar. Y si tan esclarecida estuvo desde el comienzo de su vida, juzga cómo lo estaría a medida que iban andando los años de su infancia, puesto que esta su luz crecía y se duplicaba, como su gracia, de momento en momento.
Da por ello gracias al Padre de las luces y pide a tu Madre que haga tuyos los efectos de su nombre, ya que no sólo significa iluminada, sino también iluminadora. Pídele que te haga participante de sus luces y que te dé a conocer lar, bondades infinitas de Dios para amarlo; el horror instintivo al pecado para aborrecerlo; la vanidad do las cosas del mundo para despreciarlas y el abismo de tu nada para humillarte.
Punto 2 - Otra significación del nombre de María
Considera que María significa, según un santo doctor, que fue obispo de Loreto, «imitadora de Dios»; y que, en efecto, la santísima Virgen imitó tan perfectamente a Dios desde su infancia en el amor que a sí mismo se tiene, en su caridad para con los hombres, en su bondad, en su liberalidad, en su misericordia, en su pureza, en su santidad y en todas sus perfecciones que llevó en sí desde su infancia la imagen de la Divinidad de una manera más acabada que la que pudieron llevar todos los santos juntos. Por esta razón es llamada por Santo Tomás «la imagen perfectísima de la divina Bondad» (1), por San Andrés Cretense «un compendio de las incomprensibles perfecciones de Dios» (2), y por San Crisóstomo «un abismo de ¿as inmensas perfecciones de la Divinidad» (3).
Gózate con ella; da por ello gracias a la santísima Trinidad, ofrécele todo el honor que esta santa Niña le dio con esta maravillosa imitación. Piensa en estas palabras del Espíritu Santo que habla por boca de San Pablo: «Sed imitadores de Dios, como que sois sus hijos muy queridos» (4). Humíllate por haberlas practicado tan mal hasta el presente; entra en un gran deseo de portarte mejor en adelante, especialmente en las virtudes cuya imitación te es más necesaria; y suplica a esta sacratísima Virgen que te ayude con sus santas oraciones.
Punto 3 - Tercera significación del nombre de María
Considera que María significa «Señora», y que, efectivamente, la gloriosa Virgen es desde su infancia, Señora soberana del cielo y de la tierra, de los hombres, de los ángeles y de todas las criaturas; y que tiene un Poder absoluto en el Cielo, en la tierra y en el infierno, sobre los demonios, sobre las cosas corporales y espirituales y sobre todas las obras de Dios, y esto por tres títulos: Como primogénita, y por lo tanto heredera de todos los estados del Padre eterno; como Madre de Dios, y como Esposa del Espíritu Santo que, consiguientemente, entra en todos los derechos de su Esposo. Es cierto que cuando aún tenía corta edad no tuvo uso perfecto de este poder y de Ios derechos de su soberanía, aun cuando tuviera su honor y dignidad ante Dios y ante los ángeles. Mas la mayor parte de los hombres, y aún de los cristianos, en cuanto en ellos está, le arrebatan la autoridad y los poderes que Dios le ha dado sobre ellos, para dárselos a su enemigo Satanás. Esto es lo que has hecho tú mismo tantas veces cuantas has ofendido a su Hijo mortalmente.
Pide perdón por ello al Hijo ya la Madre y concibe un gran deseo de hacerles reinar perfectamente en tu corazón. Mira, a este efecto, los obstáculos que se te pueden presentar y torna la resolución de hacer lo que esté de tu parte para destruírlos, suplicando a la bienaventurada Virgen que haga aquí uso de su intercesión, y del poder que ha recibido de Dios.
Jaculatoria: 0 clemens, o pia, o dulcis Virgo María - Oh clemente, oh piadosa, oh duce Virgen María!
(1) Opuse. 61. De 10 grad. charit. grad. 10.
(2) Orat., de Assumpt.
(3) In Hor. Ani.
(4) Eph., 5-1.
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Dernière édition par Guillaume le Mercredi 14 Juillet, 2010 20:28; édité 1 fois |
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